Mató a Uribe Turbay y bailó
sobre su cadáver; hundió a la señora Dávila, sacó a la cabal a patadas y con trampas, usó como un trapo viejo a Paloma Valencia, se burló y manoseó al imbécil Oviedo y, por último, se unió al que tenía guardado en el clóset desde el comienzo: el hampón Espriella, la burra del Ubérrimo.