—Contrato no. Que me quitan la ayuda del Gobierno.
Eso me dijo la chica que iba a cuidar a mi abuela.
Martes, 18:00.
Entrevista en casa.
Tiene experiencia, el perfil encaja.
Pasamos a los números.
—Sueldo fijo. Contrato indefinido, alta en Seguridad Social, todo legal.
Sonríe… y lo suelta:
—Ah, no, contrato no. Que me quitan la ayuda del Gobierno.
Mi madre se queda clavada.
—¿Cómo que no quieres contrato?
—Quiero seguir cobrando la ayuda.
Si cotizo, me la quitan.
Me pagáis en mano y todos ganamos.
Seguimos hablando.
—Necesito hacer mucho dinero para enviar a mi país.
Definitivamente,
somos los pagafantas del que viene de fuera y lo tienen normalizado.
Nos cuenta:
Está construyendo una casa en su país.
Mantiene a su familia allí.
Y quiere ahorrar para montar un negocio… allí.
Es decir, viene, nos exprime y se pira.
Sencillo.
España paga la ayuda.
España pone la sanidad.
España pone la residencia, los colegios, las carreteras.
Y el dinero se va fuera.
Le digo que no, que no estoy de acuerdo y no voy a contribuir en ello.
Se levanta ofendida, coge el bolso y me suelta:
—Pues suerte, porque así no vas a encontrar a nadie.
Y tiene toda la razón. Esa es la tragedia.
Pero ojo.
El problema real no es esta chica intentando sacar tajada.
El problema es el sistema parásito que hemos montado.
Un sistema tan retorcido
que asfixia a impuestos a los que levantan la persiana cada mañana...
para financiar a miles de personas que se niegan a trabajar legalmente.
Miles cobrando sin trabajar.
Otros trabajando sin cotizar para no soltar la paguita.
Fuga de capital mes a mes a otros países.
¿Qué retorcido negocio es este para España?
Te crujen a impuestos a ti para construirle la casa a alguien a 8.000 kilómetros.
Pero eh, no te quejes.
Sigue fichando a las 8 en punto,
paga tu IRPF calladito
y no rechistes,
que si no, eres un facha insolidario.
Seguid aplaudiendo el Estado del Bienestar.
El bienestar de los que no aportan,
pagado con la sangre de los que no pueden más.