Cuando doy charlas sobre desinformación percibo que el marco de análisis siempre es: "El bulo contra la democracia", donde las cosas se arreglan –pues– haciéndole llegar al ciudadano la información veraz. Desde luego que la desinformación es una amenaza para nuestra democracia, y a todos nos pueden colar algo erróneo. Pero siempre cuento –irónicamente– que en todo proceso político hay un componente de voluntad. Dicho en plata: hay gente a la que le gusta que le mientan en su cara. Obviamos que hay gente dispuesta a creer cosas que son mentira –a veces, incluso lo suponen– todo sea para librar la batalla del bien (los suyos) contra los malos (siempre son los otros). Omitimos que hay gente propagando falsedades desmontadas mil veces –incluso, lo saben también– porque, sencillamente, proceder así tiene una utilidad.