El problema es que no se piensa en políticas públicas promotoras de desarrollo sino en mantener los "negocios oscuros" que benefician a unos pocos
La decisión del BCV de establecer cupos mensuales y anuales para la asignación de divisas en personas naturales es una señal preocupante. Lejos de contribuir a la estabilidad cambiaria, profundiza los controles, genera incentivos al arbitraje y limita la capacidad del mercado formal para absorber la demanda. El resultado previsible es una mayor presión sobre el mercado paralelo y una ampliación de la brecha cambiaria, alejando la posibilidad de reducir la tasa de inflación.
Lo que corresponde es avanzar en la dirección contraria: ampliar la oferta de divisas, flexibilizar los mecanismos de asignación y reconocer la existencia de todos los segmentos del mercado cambiario, incluidos los alternativos. Sin mayor profundidad, transparencia y capacidad de intervención sobre el conjunto del mercado, será difícil reducir de forma sostenible la brecha cambiaria.