Ahora se reconoce como RESILIENCIA, pero siempre me ha gustado la palabra TEMPLE.
El TEMPLE no es una virtud o un valor, sino una cualidad del carácter que desarrollamos cuando somos capaces de tolerar la frustración y de mantener la calma, la firmeza y el equilibrio ante la dificultad, la presión o el conflicto.
El TEMPLE se refiere más a la fortaleza de ánimo. Es esa resistencia interior que permite enfrentar la adversidad sin desmoronarse, con fortaleza pero con flexibilidad.
Una persona o un equipo con temple no se desmorona ante la dificultad, no reacciona impulsivamente, mantiene la calma y es muy capaz de sostenerse en momentos de tensión.
El TEMPLE quizá sea una de las la cualidades del carácter que necesitamos recuperar y desarrollar para afrontar con serenidad y firmeza los tiempos convulsos que nos esperan.