El fanatismo es un mal consejero. Veamos dos ejemplos de hoy. Primero: una noticia que tiene como única fuente al régimen iraní dice que murieron 40, 50, 100 niñas (el número varía según la versión) por un bombardeo israelí en una escuela en Irán. Todos los que necesitan algo de lo que agarrarse para defender al régimen de los ayatolas y atacar a Israel salen como locos a repetir esa supuesta noticia en todos lados. Y todos los que quieren defender a Israel salen a decir que las imágenes son viejas y de Cabul, Afganistán. Lo cierto es que las imágenes no son de Cabul, sino de Irán, y no son viejas. Realmente hubo una explosión en una escuela en Irán. La escuela está ubicada dentro de un complejo militar de la Guardia Revolucionaria (no muy buen sitio para poner una escuela). No se sabe si a la hora de la explosión, sábado por la mañana temprano, había alumnos. Tampoco es verdad que un sábado no pueda haber alumnos, ya que en Irán la semana comienza el sábado. Tampoco se sabe si la explosión la causó un misil israelí, estadunidense o de los propios iraníes. Y tampoco hay ninguna evidencia o fuente confiable que confirme la muerte de niños o niñas, más allá de las agencias de propaganda del régimen. Luego del caso, en 2023, de los falsos 500 muertos en un hospital que al final no era un hospital, por un misil israelí que al final no era ni misil ni israelí, los periodistas deberíamos ser más prudentes, pero el fanatismo, mal consejero, causa lo contrario. Lo mismo pasa ahora con la feria de artesanos en Buenos Aires. Expulsaron a los gritos a una artesana judía. Eso es antisemitismo, está mal, deberíamos repudiarlo todos. Pero los fanáticos anti-Israel creen que está bien. Y, del otro lado, se ponen a denunciar una bandera palestina, repitiendo el mismo error. El problema no es la bandera sino el acto antisemita. Repito: el fanatismo es un mal consejero.