Mientras el país discute reformas estructurales, hoy el Senado dio un paso silencioso: ratificó a Fernando Iglesias como Embajador ante la Unión Europea. Un cargo de máxima jerarquía técnica que hoy queda en manos de un verdadero TROLL.
Para justificar este salto de la "batalla cultural" a la diplomacia de élite, Iglesias presentó sus credenciales: un "Magister en RRII" de la Universidad de Bologna. Parece que hace rato que tiene el trauma de que le digan "el profe de voley". (Dato de color: presentó una denuncia policial de la pérdida del título de profe).
¿Cómo llega un profesor de gimnasia a ostentar un posgrado en Relaciones Internacionales de la Univ. de Bologna? La inconsistencia arranca en la admisión. Los requisitos de la Universidad de Bologna son taxativos: exigen títulos de grado en Ciencia Política, Economía, Derecho o Historia. Sin embargo, la base de Iglesias es Profesor de Educación Física. Raro bien raro.
Lo que Iglesias ostenta ahora es un "Master I livello". En Italia, esto no es una maestría académica de investigación; es un curso profesional arancelado de 6.600 euros. Un producto que se compra y que ofrece materias de apenas 20 o 30 horas de cursada.
El contraste es obsceno. En Argentina, un Magíster formado en la Universidad Pública debe acreditar entre 500 y 700 horas de clase y una tesis original. Iglesias pretende representar al país ante la UE con una diplomatura premium de 20 horitas por materia.
Lo más cínico es quiénes le dan brillo a ese título. El plantel docente cuenta con figuras como Andrés Malamud, Marcos Novaro o Guido Zack. Académicos de excelencia que son, en su inmensa mayoría, hijos de la Universidad Pública argentina y el sistema científico nacional.
Es la paradoja del ajuste: Iglesias se cuelga una medalla académica que solo existe gracias al prestigio de docentes formados por el Estado que él desprecia. Usa este barniz para maquillar un CV que, sin ese aporte estatal, no pasaría un examen de idoneidad.