El “cupo para todos” es, para la hacienda pública, lo que la teoría del flogisto a la química moderna: una idea tan ridículamente estúpida que casi no merece ni el esfuerzo de refutarla. Pero, como estamos en España, no queda más remedio.
Empecemos por lo básico: ¿qué es un cupo? Porque si algo he aprendido en España durante los dos últimos meses de hablar de la financiación autonómica es que cada uno entiende los términos como le da la gana. En comentarios a mis posts he leído interpretaciones del “cupo” que no se sostienen ni cinco segundos.
Así que vayamos a la fuente: la definición del Gobierno vasco, para que nadie diga que me invento nada:
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euskadi.eus/informacion/que-…
Según el propio Gobierno vasco, un sistema de cupo (más exactamente, de concierto: el cupo es lo que se paga) se caracteriza por cuatro elementos:
1) Sistema paccionado entre la comunidad autónoma y el Estado.
2) Potestad normativa tributaria propia: la comunidad (o las diputaciones, en el caso vasco) define su sistema impositivo propio.
3) Autonomía de gestión tributaria: la comunidad recauda y luego paga un cupo al Estado.
4) Riesgo unilateral: si recauda más o menos de lo previsto, asume la diferencia.
Si un sistema no cumple las condiciones 1–4, no es un sistema de cupo. Podrá llamarse como se quiera, pero no lo es.
Por eso, por ejemplo, Alemania no tiene un sistema de cupo: no hay pacto entre Länder y federación; los Länder tienen poquísima capacidad normativa (menos que las comunidades autónomas españolas, de hecho); y el riesgo lo asume el Estado federal. Solo cumple el punto 3 (gestión), pero eso, más allá de generar costes y fraude, no cambia nada sustancial: el IRPF, el IVA y el Impuesto de Sociedades son impuestos federales. Se paga lo mismo en Berlín que en Múnich, a diferencia de España, donde el IRPF en Barcelona no es igual al de Madrid por el tramo autonómico.
Lo mismo ocurre con Estados Unidos: hay una hacienda federal y haciendas estatales, completamente separadas. No hay acuerdos paccionados, ni cupos, ni riesgo unilateral. De hecho, el gobierno federal asume una parte relevante del coste cuando un estado atraviesa dificultades.
Entonces, ¿por qué el “cupo para todos” es tan absurdo?
1️⃣ Economías de escala: Recaudar impuestos es carísimo. Fragmentar la recaudación en 19 haciendas (15 comunidades 4 forales) multiplica el coste de gestión. Ya lo vemos con las haciendas forales actuales.
Y por cierto, este argumento sirve también para defender una Agencia Tributaria Europea. Yo la crearía mañana mismo si pudiera.
2️⃣ Más fraude: Fraccionar la recaudación multiplica los agujeros. El mayor foco de fraude fiscal en España hoy está en las haciendas forales. En La factura del cupo catalán
@frdelatorre y yo documentamos casos que quitan el sueño.
3️⃣ Coste para el contribuyente: 19 agencias tributarias, 19 normativas distintas, 19 interpretaciones diferentes de la legislación. Una pesadilla administrativa para personas y empresas. En Estados Unidos, que hay que hacer muchas declaraciones de hacienda (yo, en un año normal, cuatro o cinco porque recibo ingresos en varios estados más la federal, claro), es costosísimo.
4️⃣ Caos institucional: Un “cupo para todos” implica negociaciones constantes, de una escala dos órdenes de magnitud mayor que la actual. Y hace inviable un Estado operativo y coherente.
5️⃣ Colapso de la equidad territorial: Galicia, por ejemplo, no recauda ni de lejos lo suficiente para financiar su sanidad y educación. Servicios públicos siquiera razonablemente equivalentes en España serían imposibles.
6️⃣ Competencia fiscal sobrevalorada: Los posibles beneficios de competencia e incentivos se pueden lograr con tramos autonómicos del IRPF más generosos en su descentralización. No hace falta volar el sistema por los aires.
7️⃣ Fracaso histórico: Estados Unidos (1776–1788) lo intentó. Duró poco y casi se lleva el país por delante. La Constitución de 1787 se escribió para acabar con el “cupo para todos”.
Todos los países que han probado algo así lo han abandonado en cuanto vieron sus consecuencias.
Lo del País Vasco y Navarra es una anomalía histórica, fruto del fracaso del Estado liberal español en el siglo XIX. No tiene equivalente en ningún país avanzado del mundo.
Pensémoslo así:
📌 Si ningún país del planeta ha decidido organizar su hacienda territorial con un “cupo para todos”, lo más probable es que sea por un buen motivo.
Y aunque no quiera caer en la hipérbole, diré con claridad este motivo:
👉 El “cupo para todos” es una estupidez supina.