A Piñera, por lejos el más dialogante y respetuoso de todos, casi lo derrocan por la fuerza. Este no es un problema de ‘disposición a dialogar’, es un problema estructural del tipo de democracia que creamos en los últimos 15 años.
Esto es exactamente lo opuesto a lo que debe hacer un presidente que quiere negociar con la oposición. Kast hizo carrera política peleándose con sus aliados ideológicos. Hay que tener mucha fe para esperar que ahora demuestre capacidad de negociar con los que piensan distinto.