Yo le perdí la lástima a los delincuentes el día que dos entraron a mi casa a plena luz del día. Mi papá, de 68 años, estaba almorzando cuando lo asaltaron. Sin oponer resistencia, les entregó todo lo que le pidieron. Cuando ya se iban, uno le dijo al otro: “No lo dejes así”, entonces procedió a cacharlo en la cabeza, le abrieron una herida que requirió 7 puntos.
Para que la desgracia llegue a la casa de un inocente, que llegue a la suya.