𝐄𝐥 𝐬𝐞𝐫 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐬𝐞𝐫 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐜𝐢𝐨𝐬.
Suena duro, incluso incómodo, pero basta mirar alrededor —y mirarnos con honestidad— para notarlo. Siempre hay algo que nos jala: el alcohol, el trabajo, el ejercicio, la comida, la atención de los demás, el placer.