Queridas hermanas y hermanos colombianos:
En Ecuador también nos dijeron que si ganaba la izquierda llegaría el "comunismo" a destruirlo todo. Que si tenías dos vacas te quitarían una. Que desaparecería la propiedad privada. Que las libertades estarían en riesgo. Que el progresismo era sinónimo de pobreza, caos y ruina económica.
La derecha construyó una campaña basada en el miedo. Revivió fantasmas de la Guerra Fría, sembró incertidumbre y convenció a millones de personas de votar no por esperanza, sino por temor. Y ganó.
Pero después de ganar vino la pregunta que nadie respondió: ¿y ahora qué?
¿Llegó la prosperidad prometida? ¿Mejoró la seguridad? ¿Se fortalecieron los servicios públicos? ¿Se resolvieron los problemas estructurales del país?
La respuesta, al menos desde la experiencia ecuatoriana, es dolorosa:
Hoy Ecuador atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente. Cerramos 2025 como el año más violento del que se tenga registro, con más de 9.000 homicidios y una tasa cercana a los 50 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Seis ciudades ecuatorianas aparecen entre las más violentas del mundo.
La crisis también golpea a la salud pública. Hospitales desabastecidos, falta de medicamentos e insumos, cirugías suspendidas y miles de trabajadores de la salud afectados por políticas de ajuste fiscal.
4000 pacientes renales murieron por falta de diálisis en dos años y medio.
Ecuador se ha convertido en el cuarto país más endeudado con el Fondo Monetario Internacional y buena parte de las decisiones económicas están condicionadas por el cumplimiento de esos compromisos financieros.
Y cuando la ciudadanía se ha expresado en las urnas, su voluntad ha sido ignorada. Los ecuatorianos rechazamos la propuesta de trabajo por horas; sin embargo, desde el poder se han buscado mecanismos para implementar medidas similares por otras vías.
También dijimos que no queríamos bases militares extranjeras en nuestro territorio; sin embargo, la presencia y las operaciones militares de Estados Unidos en Ecuador siguen ampliándose, incluso en medio de denuncias de ataques a humildes pescadores y a fincas lecheras.
No soy quién para decirles por quién votar. Esa decisión les pertenece exclusivamente a ustedes.
Pero sí puedo compartirles nuestra experiencia. Porque nosotros también escuchamos las mismas advertencias, los mismos fantasmas y las mismas promesas. Nos dijeron que había que salvar al país de una amenaza futura. Y mientras mirábamos ese enemigo imaginario, los problemas reales crecieron frente a nuestros ojos.
Ojalá Colombia tome su decisión con información, con memoria y con espíritu crítico. Porque después de las elecciones, cuando se apagan los eslóganes y desaparecen las campañas del miedo, lo único que queda es la realidad y a nosotros la realidad que nos ha traído la derecha es de muerte, miseria y destrucción.