Caso real: varón en edad escolar, jugador de fútbol, con TDAH y buena respuesta a tratamiento farmacológico y psicológico. Lo sacan del fútbol porque un “especialista en neurociencias” recomendó un deporte supuestamente con base neurocientífica. Termina en un lugar carísimo moviendo manos y pies para “activar hemisferios”.
En el último mes se vuelve irritable y por eso buscan una segunda opinión. Se mantiene el mismo tratamiento y regresa al fútbol. Desde entonces mejora su ánimo y su rendimiento. Hubo que explicar a los padres que el deporte ya estimula, usa y pone a trabajar el cerebro sin rituales pseudocientíficos de por medio.
Y así, mil historias más.
Provecho a quienes están comiendo