Cuando decidí votar por Petro en 2022, lo hice convencido de una idea de cambio y de un mejor futuro para Colombia. Por esa decisión, muchas personas dejaron de seguirme, de hablarme e incluso recibí críticas. Lo asumí como parte del debate democrático.
Hoy, tras mi decepción con ese proyecto y después de anunciar mi voto por Abelardo, he sido víctima de insultos, ataques personales y expresiones discriminatorias de una dureza que sorprende.
Y ahí es donde se nota una diferencia importante: se puede disentir desde el respeto, con argumentos, ideas y debate; o desde la agresión y la descalificación. La democracia no consiste en pensar igual, sino en poder cambiar de opinión sin ser perseguido ni insultado por ello.