Hace 71 años, nuestro pueblo sufría el peor ataque terrorista de su historia, que dejó un saldo de más de 300 muertos como consecuencia de los bombardeos sobre la Plaza de Mayo. Entre las víctimas hubo decenas de niños en edad escolar y 12 valientes granaderos que defendían al General Perón. También se registraron cerca de 1.200 heridos.
El ataque fue ejecutado por alrededor de 700 efectivos de la Infantería de Marina y por pilotos de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea. Terroristas que, por haber derramado sangre de compatriotas inocentes, hubieran merecido la pena de muerte por traición a la patria.
Pero no fue así. Todos quedaron impunes. Es más, muchos de ellos continuaron sus carreras. Cómo Osvaldo Cacciatore quien años después llegó a ser intendente de la Ciudad de Buenos Aires entre 1976 y 1982, durante la última dictadura militar.
Se trata, por lejos, del atentado terrorista más grande de la historia argentina, mucho antes de que surgieran las organizaciones guerrilleras de los años setenta y fue cometido por criminales camuflados de militares que bombardearon a su propio pueblo.
Como puede verse, el terrorismo y la violencia política en nuestro país comenzaron mucho antes de lo que el relato oficial suele querer instalar.