Para variar, la realidad dice lo contrario.
Teresa Ribera estuvo ausente los primeros días de la DANA y no ha abierto la boca desde entonces.
Hay que recordar que, siendo la ministra de Transición Ecológica, es la responsable en materia hidrológica, y bajo su mando está la AEMET y las confederaciones hidrográficas.
Para no romper con su dinámica del silencio, tampoco asistirá al próximo pleno en el Congreso a dar explicaciones.
España no merece una ministra que anteponga sus aspiraciones políticas en la UE a cumplir con sus obligaciones, ni que huya de dar explicaciones por su gestión en estos seis años.