Aunque la gente diga que apoya la libertad de expresión y los derechos civiles en abstracto, en la práctica, cuando hay polarización afectiva (odio emocional hacia el otro partido), los ciudadanos están dispuestos a restringir las libertades básicas (hablar en público, protestar, etc.) de quienes están en el bando contrario, mientras las defienden para los de su propio bando.
Los autores llaman a esto “intolerancia partidista” (partisan intolerance) y la definen como la diferencia en la disposición de una persona a censurar, prohibir o interferir en actividades (como protestas, discursos o publicaciones en redes) cuando las realiza el otro partido, comparado con cuando las realiza su propio partido.
Los autores muestran que la intolerancia partidista es un fenómeno fuerte en Reino Unido, simétrico entre izquierdas y derechas, y que no se detecta con las preguntas tradicionales de tolerancia (“¿apoyas la libertad de expresión?”). Solo aparece cuando se pregunta de forma concreta: “¿dejarías que ellos hagan esto?”.
En resumen, la polarización emocional no solo hace que odiemos al otro partido, sino que nos vuelve intolerantes con sus derechos civiles más elementales.
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Partisan (In)Tolerance and Affective Polarization | British Journal of Political Science | Cambridge Core -
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