“El vulgo gritaba, lo aclamaba, enloquecía, no querían que lo coronaran presidente, veían en él la figura de un rey, un semidiós omnipotente, un gallardo visigodo con la divina encomienda de restablecer la gloria en Cantabria… un clamor retumba en el país; ¡Dux!, ¡Dux!, ¡Dux!”