Una de las «perlas» que nos ha dejado el papa León XIV ha sido esta sencilla, pero profunda, definición del perdón.
Dice que perdonar no significa olvidar el mal padecido ni permitir que siga sucediendo, sino liberarnos del resentimiento y del odio que dominarían nuestra vida. Con dicha enseñanza, el romano pontífice no está negando el carácter gratuito y generoso del perdón, pero lo está afrontando desde una perspectiva realista y sobrenatural, alejado de todo voluntarismo forzado y estéril.
En definitiva, conviene tener esta enseñanza en su debida cuenta, puesto que perdonar al prójimo es condición de posibilidad para que el alma viva en paz y para que también Dios perdone nuestros pecados.