Otra mentira de Sheinbaum.
Por más justificaciones que se inventó para no ir al partido inaugural del Mundial 2026, la verdad es simple: le tuvo medio al abucheo de un estadio que no podía controlar.
Su lugar se quedó vacío. Nada de que lo ocupó una niña, como dijo.
Terminó refugiada entre los suyos: rodeada de morenistas en un deportivo en la Gustavo A. Madero.
Creerá que libró la crisis que una rechifla de miles en el estadio le hubiera traído, pero no: queda la estampa de su ausencia como muestra de debilidad.
El contraste es quien sí fue: Ricardo Salinas Pliego estuvo rodeado de gente, se tomó un montón de selfies y le gritaron “presidente, presidente”.
A Sheinbaum la rechifla la iba a perseguir todo el sexenio. Pero ahora la seguirá el evidente temor que exhibió.