Clave práctica:
Se trata de diseñar tareas donde la IA obligue a pensar, no a copiar. El propio modelo advierte algo importante: cambiar el espacio o añadir tecnología no transforma el aprendizaje si no cambian las actividades.
Por eso, antes de usar IA, conviene preguntarse:
¿qué habilidad quiero que desarrollen mis alumnos con esta actividad? La herramienta viene después. Bien integrada, la IA puede ayudarte a personalizar, dinamizar y enriquecer el aprendizaje. Mal integrada, solo acelera tareas superficiales.