Existe una regla de oro que ningún hincha de Boca te va a admitir en frío, pero que terminan confirmando cuando están destruidos:
el bostero solo dice la verdad cuando le duele.
Es una observación clínica.
Porque en el momento de la derrota, cuando todavía no arrancó el operativo contención, aparece una lucidez brutal. Ahí reconocen todo lo que los de River les decimos hace años.
Pero dejá pasar unas horas. Que baje la bronca. Que empiece a trabajar el grupo de WhatsApp . Ahí se activa la ingeniería discursiva bostera, un mecanismo tan aceitado que ya parece parte de su estatuto.
Externalizan la culpa el árbitro, el VAR, la Conmebol y la conspiración de turno.
Construyen una realidad paralela y activan la defensa corporativa:
no darle de comer al rival, no admitir la crisis, cerrar filas y seguir adelante como si nada hubiera pasado.
El problema es que para sostener ese relato hay que pelearse con los hechos.
Y los hechos hace mucho tiempo no los acompañan.