Para Profe Ibáñez, Dani García.
@julioiba @dagarciato
No sé qué tanto pasaron. No sé qué tanto pensaron.
Los días habrán sido largos. Más que la peor pesadilla porque de esas despertamos. Agitados, asustados, pero tienen fin. Abrimos los ojos y nos percatamos que solo fueron un chispazo de nuestro subconsciente.
Lo que vivieron ustedes fue real. Sin fin determinado. Sin comunicación. Sin respuestas.
Con sus familias más angustiadas que ustedes porque no sabían que es lo que estaba sucediendo. La incertidumbre mata.
Me puedo imaginar la desesperación que sufrieron. La impotencia de que una tontería haya terminado en una experiencia de las que marcan vidas.
El apoyarse como equipo no solamente de trabajo, sino de supervivencia, habrá sido fundamental. Uno de ustedes, más fuerte que el otro alguna vez. Al día siguiente, habrán invertido los papeles.
Verlos en tus redes, Julio, ha sido un alivio inmenso.
Listos para volver, para abrazarse con los suyos, con nosotros, con su trabajo, con sus vidas que vuelven a transcurrir.
Hubiéramos querido gritar para que los soltaran, hacer presión mediática. Pero la empresa supo qué hacer, cómo hacerlo y acompañarlos.
Desde la Pandemia quedé más convencido que nunca de que estamos en un gran lugar. Nos cuida cuando acecha el peligro sin importar nada más. Por eso es que callamos todos. No éramos el conducto adecuado.
Bienvenidos a casa, Julio y Dani. Respiren hondo para recuperar el ritmo. Viene un Mundial que cubrir como ustedes lo saben hacer.
La vida continúa con sus sueños intactos. Fue una pausa. Eterna, injusta e inexplicable. Pero con el final que todos los que los queremos deseábamos.
Que dicha tenerlos de regreso. Amén.