Imagínese que usted nombra como administrador de su finca a alguien que también es administrador de la finca vecina.
"No pasa nada, son amigos", le dicen.
Hasta que un día aparece un negocio que beneficia a una finca y perjudica a la otra.
Ahí el problema no es si son amigos. El problema es que nadie puede servir con lealtad absoluta a dos patrones cuando sus intereses dejan de coincidir.
Por eso la discusión nunca ha sido sobre guerras, odios ni enemigos. Es sobre algo mucho más simple: confianza.
El Presidente de Colombia debe tener una sola patria, una sola lealtad y un solo interés superior que proteger: Colombia.
#Abelardo si dice "firme por la patria" se pregunta cualquiera con mucha razón: cuál patria si tiene dos?
No hace falta una guerra para entenderlo.
Usted no contrataría como árbitro de una final a alguien que juega para uno de los equipos.
Tampoco pondría a administrar su empresa a quien tiene deberes de fidelidad con la competencia.
¿Por qué entonces debería parecer normal que quien dirige el Estado colombiano tenga un vínculo de lealtad política y jurídica con otro Estado?
La cuestión no es de amistad. Es de lealtad."Estados Unidos es nuestro aliado."
Perfecto. Pero un aliado no es el dueño de la casa.
El portero cuida la casa. El administrador cuida la casa. El capitán del barco cuida el barco.
Nadie aceptaría que el encargado de proteger sus intereses jurara lealtad simultáneamente a otra casa, otra empresa o otro barco.
La pregunta no es si hoy hay conflicto. La pregunta es qué pasa el día que lo haya.
Las instituciones serias se construyen para los días difíciles, no para los fáciles.