De acuerdo con el informe “Terrorist Threat to the 2026 World Cup” emitido por el Center for Strategic and International Studies (
@CSIS), la Copa del Mundo de 2026 actúa como un imán para diversos grupos, incluyendo yihadistas, extremistas domésticos y estados hostiles, que buscan explotar la atención global para sus causas.
La amenaza más probable proviene de un actor solitario o un grupo pequeño que utilice armas accesibles (vehículos, armas de fuego, explosivos improvisados) contra objetivos fáciles.
Mientras que los estadios serán objetivos endurecidos, las zonas circundantes como las filas de seguridad, zonas de aficionados, corredores de transporte y zonas de hoteles son mucho más vulnerables.
Los conflictos externos (como los de Medio Oriente o las insurgencias en países participantes) se trasladan al suelo norteamericano a través de las aficiones y las diásporas.
Históricamente, el objetivo de los ataques en eventos deportivos es "introducir su causa en 500 millones de hogares", como ocurrió en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972.
Incluso un ataque que cause pocas víctimas directas puede desencadenar una estampida mortal en espacios densamente poblados.
Para mitigar los riesgos, se ha implementado una arquitectura de vigilancia trilateral entre Estados Unidos, México y Canadá. A pesar de la vulnerabilidades por falta de presupuesto, la cooperación de inteligencia busca garantizar que el torneo sea una celebración pacífica y no un escenario de violencia política o extremista.
El nivel de seguridad más alto en EE.UU., se aplicará a la final en el MetLife Stadium, liderado por el Servicio Secreto.
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