La reflexión es que a un tontico se le puede hacer cambiar de una posición mala a una peor?
“¡Yo no voto por un abogado de mafiosos!”
Me dijo ofuscado, con el celular en la mano, leyendo trinos en X.
No lo sabía, pero su algoritmo estaba contaminado.
Estaba siendo víctima de una narrativa sembrada con paciencia por la izquierda radical.
Yo lo vi venir.
Y supe que nada de lo que le dijera en ese momento iba a cambiarle la opinión.
Así que hice algo mejor.
Le dije: “Tienes razón. Colombia no puede tener un presidente mafioso.”
Me miró, sorprendido. Sus latidos empezaron a regularse. Típico de quien se siente comprendido y ya no tiene que defender nada.
Unos minutos después le dije: ”¿Sabes qué? Sea quien sea que gane, ojalá acabemos con los mafiosos de este país.”
—Totalmente —me respondió, contundente.
Le dije: — Somos el país de donde sale la mayoría de la cocaína del mundo. Y esos mafiosos viven tranquilos, sin que nadie les toque un pelo.
—Hay que ir con toda contra ellos. Contestó con decisión.
Entonces le puse un video documental sobre cómo se mueve la droga por los puertos, de la mano de las disidencias y los grupos ilegales.
No dijo nada. Solo miraba.
Cuando ya estaba indignado, le mostré otro: Calarca moviéndose en camionetas del Estado.
Sí. El mismo tipo de mafioso que a él lo indignaba.
Con órdenes de captura suspendidas.
Moviéndose por el país como si fuera su finca.
Estaba furioso. ”¿Cómo es posible que esto pase?”
—Veamos qué proponen los candidatos —le dije.
Escuchó a Abelardo: frontal contra el narcotráfico, condenando la “paz total”, proponiendo fumigar de nuevo los cultivos.
Silencio.
—Jhonny, tú que eres abogado… ¿qué hacía realmente Abelardo?
Le expliqué qué hace un abogado penalista: defender es un derecho constitucional, no un delito.
—¿Pero él era parte del delito?
—Hasta hoy, no existe una sola prueba que diga eso.
Luego buscó qué decía Cepeda sobre la fiesta de los capos en la cárcel de Itagüí. Y encontró su respuesta textual:
“De mí no esperen declaraciones contra la paz.”
Apagó el televisor. Me miró firme y me dijo:
—Jhonny, el candidato de la mafia no es el que yo creía. Mi voto es para Abelardo.
A veces la gente no necesita que le grites la verdad. Necesita que le quites la venda y la vea sola.
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Quizá le abra los ojos a alguien que todavía cree en el cuento que le vendieron.