Trabajamos para personas como ella. No gritan como los activistas de izquierdas. Sufren en silencio los excesos que cometen algunos con la complicidad de Pedro Sánchez.
Les ayudaré desde la oposición y les protegeré desde el Gobierno. Tienen mi palabra.
Hoy, cuando han pronunciado el resultado de la votación, he sentido algo que llevaba años sin sentir: alivio.
No puedo explicar con palabras lo que han sido estos casi 6 años.
Las noches sin dormir.
La ansiedad constante.
El nudo en el estómago al recibir la llamada de mi abogada.
El llanto en silencio para no preocupar a nadie.
La sensación de injusticia permanente.
La tristeza de sentirte sola frente a un sistema que te aplasta y encima te señala.
He vivido con miedo, con culpa impuesta, con la certeza diaria de que mi esfuerzo, mi trabajo y mi vida no valían nada frente a un decreto injusto que me convirtió en escudo social obligatorio.
Hoy, por primera vez, he sentido que la pesadilla empezaba a terminar.
No devuelve todo lo perdido.
No borra el daño.
No compensa el sufrimiento.
Pero pone fin a una etapa de abuso normalizado.
Y eso, para quien lo ha vivido, es inmenso.
Hoy no he ganado nada.
Hoy he dejado de perder.
Y a veces, eso ya es volver a respirar.