El doctor Borja fue autor de mas de una docena de publicaciones relevantes, entre las que destacan ¨La enciclopedia de la Política¨ publicada por el Fondo de Cultura Económica la mencionada obra ha recibido un alto número de referencias en revistas especializadas. No citar a Borja en un artículo sobre política latinoamericana equivale a no conocer la bibliografía de la región. Borja también fundó la izquierda democrática.
La ID inició su vida como partido político instituido en concordancia con el proceso electoral para el retorno a la democracia de 1978 (si bien su conformación ideológica viene una década atrás), y está fundada en las ideas elementales de la socialdemocracia y el socialismo democrático, cuyos conceptos fundacionales pueden rastrearse a esa amalgama entre socialismo y enciclopedismo creada por ilustres guillotinados como Gracchus Babeuf. En 1988, luego de varios intentos Borja alcanzó la presidencia en un período en el que los precios del petróleo eran bastante más bajos de los que son ahora y con el agravante que el terremoto de 1987 había detenido la producción petrolera durante cinco meses. Aún bajo esas complejas circunstancias Borja puso en práctica muchos de los principios que había promulgado en la ideología fundacional de su partido.
Varias cosas se pueden decir del carácter democrático del gobierno de Borja. Durante su mandato se puso punto final a instituciones opresivas creadas por su predecesor (Febres Cordero), así pues se cerró el SIC, tristemente célebre por la represión a disidentes políticos, y se cancelaron los escuadrones volantes; se iniciaron procesos de investigación sobre atentados contra los derechos humanos (por ejemplo se logró condenar a varios de los responsables del caso Restrepo y los familiares de los chicos recibieron indemnizaciones gracias a gestiones con organismos internacionales); el grupo subversivo Alfar Vive Carajo dejó las armas gracias a diálogos llevados a cabo durante el gobierno; y se procesaron de manera pacífica varias demandas de movimientos sociales emergentes. En efecto, el poder conciliador frente a las protestas civiles fue una de las características más favorables del legado de la izquierda democrática. Así pues, el importante desborde social conocido como el ¨intirraimi¨ protagonizado por levantamientos indígenas generalizados, fue procesado (en parte) a través del diálogo y no desde la represión, la violencia o la descalificación.
Algunos académicos han planteado que el levantamiento indígena de 1990 no se dio contra el gobierno de Borja, sino al contrario, fue gracias a la apertura democrática de este Presidente que se pudieron dar las condiciones para que los indígenas puedan exponer con energía varias de sus demandas las cuales fueron heterogéneas. Borja entregó varios títulos de propiedad sobre territorios indígenas y dotó a las organizaciones congregadas en la CONAIE de infraestructura adecuada para facilitar sus reuniones. Desde luego estas acciones, limitadas, no fueron suficientes para responder la as complejas necesidades de los grupos cuyos derechos habían sido vulnerados durante siglos, pero inició un proceso de interacción entre la sociedad política y organizaciones indígenas que sería fundamental para el desarrollo de la democracia ecuatoriana.
Los indígenas en 1990 fueron el primer grupo organizado que cuestionó la imperfecta democracia elitista y sus débiles instituciones. En efecto, la crisis de los partidos políticos tradicionales podría tener uno de sus orígenes en las exigencias de estos grupos de establecer una democracia no sujeta a las sutiles inequidades del institucionalismo proto liberal. El lema ¨esta democracia es una desgracia¨ esgrimido por la dirigencia indígena de 1990, plantea una sutil fisura que iría profundizándose durante la activa década de los noventas, hasta la erosión definitiva de todos los partidos políticos a inicios del siglo xxi (hilo)