Vamos con la polémica del abono transporte de Madrid, que se ha liado parda.
Resumo qué ha pasado.
Desde este lunes, para sacarte la tarjeta por primera vez, renovarla o pedir un duplicado, hay que estar empadronado en Madrid o en municipios con convenio.
No es retroactiva: el que ya tiene su abono lo sigue usando igual.
Y según la propia Comunidad, afecta a un 3,4% de los usuarios, porque el resto ya está empadronado donde vive.
El que no pueda sacársela paga el billete normal, igual que un visitante.
Y con esto han empezado los gritos de "racismo" y "exclusión".
Pues antes de rasgarnos las vestiduras, veamos algunos casos.
¿Sabes quién puede aparcar en la zona verde de su calle, sin límite de horas?
El que está empadronado en ese barrio. Lo decide el Ayuntamiento de Madrid, lleva años así, y a nadie se le ha ocurrido llamarlo racista.
Si el padrón sirve para reservarte el aparcamiento, ¿cómo no va a servir para un abono que pagamos entre todos los vecinos?
Porque esa es la clave que se les olvida. El transporte público no se paga solo al picar la tarjeta.
Lo financiamos los que vivimos aquí, con nuestros impuestos.
La Comunidad calcula que los empadronados cubren el 94% de esas bonificaciones.
O sea, que pongo yo el dinero para que a ti el billete te salga tirado, y lo lógico es que ese descuento lo disfrute quien también lo paga.
No es una idea muy revolucionaria, la verdad…
Y ojo con lo del "racismo", que es donde más se equivocan.
Empadronarse no va de tener papeles ni de nacionalidad. Lo puede hacer cualquiera que viva en un municipio, sea de donde sea, y de hecho es una obligación legal: si vives aquí, te empadronas aquí.
Así que no deja fuera a nadie por ser extranjero: pide que estés registrado donde realmente vives.
Y si vives en Madrid sin estar empadronado, el problema de fondo está ahí, no en el abono.
Esto, además, ya lo vives sin darte cuenta.
La plaza en el colegio público se decide en buena parte por el domicilio: el de la zona tiene preferencia. Y el médico de cabecera te lo asignan por donde estás empadronado.
Y que no me vengan con que es una rareza de Ayuso, porque lo hace media Europa, gobierne quien gobierne.
En Escocia la universidad es gratis, la paga el Estado… pero solo si llevas tres años residiendo allí.
Un estudiante inglés, mismo país y mismo pasaporte, paga sus 9.500 libras al año. Un escocés, cero.
Y lo defienden con el mismísimo argumento: el residente ya ha pagado esa carrera con sus impuestos, y el de fuera no.
Esto va de residencia, no de origen.
Y el ejemplo más claro lo tenemos en casa: el descuento del 75% en los vuelos para canarios, baleares, ceutíes y melillenses.
¿Quién lo tiene? El que está empadronado allí.
¿Te marchas a vivir a la península? Lo pierdes.
Lo pagamos entre todos los españoles y a nadie, nunca, se le ha ocurrido llamarlo excluyente.
Por esa regla de tres, yo también querría que el Estado me pagara el viaje a Canarias. Pues eso.
¿Y el que vive pegado a Madrid, en el pueblo de al lado, y entra a currar cada día?
Para eso están los convenios. Madrid los tiene firmados con Castilla-La Mancha y Castilla y León desde hace más de veinte años: si vives en Toledo, Guadalajara, parte de Cuenca o en pueblos de Ávila y Segovia, sacas tu abono igual que un madrileño.
Y siendo justos: habrá quien viva aquí y no pueda empadronarse por mil líos, y a esa gente hay que darle salida, claro que sí.
Pero una cosa es arreglar esos casos y otra muy distinta la barra libre para todo el mundo.
Al final el asunto es de lo más simple: el dinero lo ponemos los que vivimos aquí, así que lo lógico es que la ayuda sea para los que la pagamos.
Llamar a eso racismo es pura demagogia para embarrar todo.