Durante una clase en la universidad, el bebé de una estudiante comenzó a llorar sin poder calmarse. Pensando que estaba molestando, la joven madre se levantó para salir del aula.
Pero el profesor Sydney Engelberg se acercó a ella, tomó al bebé en sus brazos, lo calmó suavemente... luego continuó dando su clase sin perder una sola nota, caminando por el aula con el niño contra él.
Engelberg permite que sus estudiantes vengan a clase con sus hijos, e incluso que amamanten durante la lección.
Su filosofía es simple, pero profundamente humana:
Ninguna madre debería tener que elegir entre su educación y su hijo.
Este gesto, capturado en una foto, rápidamente dio la vuelta al mundo. Se convirtió en un símbolo de empatía, inclusión y humanidad en el mundo universitario.
Un simple momento...
pero una gran lección de respeto y compasión.