Reflexión final
A 118 años del nacimiento de Rómulo Betancourt, reafirmo con convicción que su pensamiento no es pieza de museo ni consigna vacía. Es doctrina viva.
Betancourt nos enseñó que sin partido no hay democracia sólida; que sin organización popular no hay transformación verdadera; que sin soberanía sobre nuestros recursos no hay independencia real.
Fundó Acción Democrática para darle al pueblo instrumento, conciencia y rumbo. Gobernó en tiempos turbulentos y defendió la Constitución con carácter. Impulsó la OPEP para que el petróleo dejara de ser instrumento de dominación extranjera y se convirtiera en herramienta de dignidad nacional. Escribió Venezuela, política y petróleo para explicar, con valentía intelectual, la relación entre poder político y riqueza petrolera.
Hoy, cuando el mundo vuelve a debatirse entre democracia y autoritarismo, entre soberanía y sometimiento, la lección betancourista está más vigente que nunca: firmeza doctrinaria, claridad ideológica y profundo compromiso con el pueblo.
Como hombre de Acción Democrática, como venezolano y como militante de la democracia, reivindico su legado y su ejemplo.
Porque la democracia no se improvisa.
Se organiza.
Se defiende.
Y se ejerce con coraje.
“Por una Venezuela Libre y de los Venezolanos”