El artículo pivota sobre una cuestión que no es la esencia de la condena. Del titular y del texto parece que se condenó a la revista por nombrarla “gilipollas del año”. Pero la sentencia condena, no por eso, que habría sido inane, sino por el texto de la última viñeta, que dice “Así que sí, gilipollas, pero no gilipollas de tontos, sino gilipollas de malvados, de mezquinos, de personas egoístas que solo buscan enfangar el bien común.” La jueza argumenta que esta frase concreta es un insulto desproporcionado y desvinculado de la crítica, que va más allá de lo tolerable en una sátira, apreciando el intento de humillar.
Se podrá o no estar de acuerdo con la jueza, claro, y yo siempre a tope con la libertad de expresión (que también tiene sus límites, ojo). Pero decir y dar a entender que la condena es por una cosa cuando es por otra no es honesto.