Estefanía Molina: escribir contra las pensiones para hacer caja
Existe un nuevo subgénero ensayístico, todavía sin canon ni preceptiva , un subgénero que nace con la lógica comercial del texto que quiere ser best seller: las pensiones son un privilegio, un residuo del mundo industrial que estrangula el porvenir de las nuevas generaciones.
No es una corriente espontánea. Ni expresión de las preocupaciones intelectuales de un autor: forma parte de la propaganda económica neoliberal. En los años ochenta se escribía contra los sindicatos; en los noventa, contra los funcionarios; en los dos mil, contra los parados. Hoy el sujeto a odiar es el jubilado, presentado como un parásito que vive de los impuestos del joven autónomo con máster y sin vivienda. La retórica cambia, pero el fin es el mismo: el odio social reactivado con distintos sujetos- diana
El último ejemplo de esta sub literatura ensayística lo ofrece la periodista Estefanía Molina. Lo interesante en este tipo de obras no son los datos, siempre sesgados: siempre tomados de organismos neoliberales que predicen interesadamente el cataclismo del estado del bien estar desde hace cuarenta años.
Estos textos tienen algo en común: se busca hacer desaparecer el eje y el motivo real del conflicto: ya no hablamos de la desigualdad del modelo productivo ni de la evasión fiscal de las grandes fortunas, sino de una supuesta guerra generacional que enfrentaría al becario con su abuelo.En este ocultamiento de causas reales reside el éxito del subgénero
Escribir contra las pensiones no busca informar ni análizar, quiere otra cosa: convencer que las pensiones son un privilegio, que es bueno desactivar el ideal de justicia social que sustentó el Estado del bienestar y que es preciso rechazar que la economía sea una forma de organizar los lazos sociales.
Textos como el de Estefanía Molina semejan hablar en nombre de la razón, pero su objetivo es movilizar pavores : apelan al miedo al colapso, a la culpa del gasto, a la fantasía de una economía sin dependientes. Escribir contra las pensiones es hacerlo a favor del desmontaje paulatino del contrato social, en nombre de la racionalidad presupuestaria defendida por las teorías económicas neo y ultra liberales.
Lo más paradójico de este nuevo subgénero de moda es que no logra movilizar a quienes dice representar. Los jóvenes no salen a las calles para exigir que sus abuelos cobren menos. Y tiene su explicación: el verdadero destinatario de estos textos no es el lector joven, sino el poder económico, que agradece el servicio retórico con visibilidad mediática y promesas de tertulia. En resumen: Estefanía Molina escribe contra las pensiones para hacer caja