La propuesta de la presidenta
#Sheinabum para aplazar las elecciones judiciales presenta problemas de forma y de fondo.
Todos son graves.
De forma, mover de 2027 a 2028 la elección es reconocer que el modelo era inviable. Pero mantener la concurrencia para las siguientes perpetúa el error.
Además, manda una señal tan clara como preocupante: a este gobierno solo le interesa este gobierno.
De fondo, no se corrige lo que realmente falló. La nominación sigue en manos de los órganos políticos que controla Morena.
Las reglas no garantizan competencia real. Y las condiciones que hicieron posibles los acordeones (la falta de recursos públicos, la imposibilidad de hacer campañas por vías legales, las restricciones absurdas) siguen sin atenderse.
Más que una
#ReformaDeLaReforma, lo que tenemos es gatopardismo constitucional puro y duro. Cambios menores que refuerzan la lógica centralista y dejan intactas las grietas estructurales.
El problema de fondo es el mismo de siempre. Mientras el poder político controle quién accede al Poder Judicial, no habrá elección (concurrente o separada, con uno o con tres comités) que pueda corregir el modelo.