La guerra contra las injusticias no solo es contra el gobierno: también es contra la indiferencia ciudadana.
Por eso las familias buscadoras tienen que hacer botargas de ajolotes buscadores, camisas de fútbol sobre desaparecidos, protestas frente a los estadios mundialistas...
Por eso tenemos que hacer stickers de los narcopolíticos, álbumes de estampitas, megamantas por los desaparecidos...
Porque el gobierno es negligente y la sociedad es indolente.
E incluso cuando la tragedia se para frente al micrófono del Mundial, el más grande del planeta, muchos deciden girar la cara e ignorar una realidad que también los agrede: todos los mexicanos son víctimas del narcoestado, quieran verlo o no.
Aún así, vale la pena esforzarse para romper esa indiferencia.
Cuando un niño pregunta a sus papás por qué gritan esas señoras o quién es esta persona en el papel, nace un poco de conciencia.
Cuando un adulto ve que, incluso en un partido, hay quien alza la voz y encuentra un eco en su protesta, crece un poco la esperanza en que podamos unirnos para cambiar las cosas.
Y por eso hay que seguir protestando frente al micrófono más grande del mundo: porque, para acabar con un Estado criminal, primero hay que despertar a la sociedad que ha decidido soportarlo.