Tenían que pasar 27 años y la vulneración vergonzosa de la soberanía territorial para que miembros del chavismo originario (Héctor Rodríguez, Ricardo Menéndez, los "hombres-nuevos-viejos" de la revolución) empezaran a hablar de cosas que son parte del día a día en naciones funcionales: un "Gobierno Nacional que sea más transparente", que sea "más eficiente, capaz de resolver los problemas para los cuales está constituido este gobierno". Un ciudadano que pueda "cuestionar la administración de los recursos que le pertenecen, con acceso a la información pública tanto de recursos públicos como de las políticas públicas". La necesidad de revisar los métodos de trabajo, los "paradigmas" que han vuelto insostenible este sistema político.
Luce llamativa esta afirmación: "Tenemos la costumbre de que el ciudadano debe servir al Estado... Es al revés. El ciudadano tiene que decir: yo necesito esto y el Estado tiene que ser capaz de prestar el servicio y de ser útil a la ciudadanía". Menudo descubrimiento. Sólo en sistemas no-democráticos el poder del Estado está por encima del poder y la necesidad del ciudadano.
Ojalá que los planes que anuncian tengan éxito, eso sí. Por el bien de millones de ciudadanos sometidos a los peores maltratos y abandonos, lo justo es que el chavismo en el poder asuma su responsabilidad y enderece los entuertos que han impedido retomar la senda democrática. Es una deuda que unas cuantas generaciones de venezolanos están esperando que se salde.