En una de las alocuciones ante el Papa, la que leyó una señora en nombre de una víctima de trata, decía la víctima que el día anterior la patera que había salido se había hundido y se habían muerto todos. Pero claro, que ella decidió jugársela. Decidió jugársela porque pensaba que, si sobrevivía, iba a tener una vida mejor.
Esa esperanza es la que se provoca con mensajes que incrementan el "efecto llamada". Si se quieren evitar muertes, el mensaje debería ser el contrario: no te merece la pena arriesgar la vida, porque si sobrevives te vamos a mandar a casa.
Lo que no se puede es insistir en la acogida irresponsable, fomentando que la gente se eche en manos de las mafias y luego lamentarse de la cantidad de gente que se muere. El que sigue los trámites legales (que no son nada exigentes en España), puede venir cómodamente en avión, de forma segura y mucho más barata.