Si hacemos algo, tenemos la oportunidad de rescatar la ENEE. Si no hacemos nada, seguiremos acumulando pérdidas, apagones, deuda y deterioro institucional.
Podemos debatir la integración de los órganos del sector, exigir transparencia, fortalecer la veeduría social y mejorar cualquier reforma. Ese debate es sano y necesario.
Lo que no podemos hacer es defender la inacción.
BID, Banco Mundial, CAF y BCIE han señalado la necesidad de fortalecer la institucionalidad, modernizar el sistema eléctrico y garantizar un servicio más eficiente y confiable para los hondureños.
La pregunta es sencilla: si no reformamos, ¿cuál es la alternativa? ¿Seguir haciendo exactamente lo mismo que nos llevó a esta crisis?
Porque hacer lo mismo y esperar resultados diferentes nunca ha sido una estrategia.
Quien se opone a toda reforma tiene la responsabilidad de presentar una propuesta mejor. Quien únicamente promueve que nada cambie debe explicar cómo la inacción resolverá los problemas que por décadas han debilitado a la ENEE.
La inactividad no es una solución. No es un paliativo. Es la garantía de que los problemas continúen creciendo. Y cuando se rechaza cualquier intento de cambio sin ofrecer una alternativa viable, los hondureños tienen derecho a preguntarse si el objetivo es fortalecer la ENEE o impedir que Honduras avance.
Según el proyecto de Ley que aprobaron anoche en primer debate; la Junta directiva del Operador del sistema y mercado, estará compuesta por 10 representantes:
2 de las empresas transmisoras
2 de las empresas distribuidoras
2 de las empresas comercializadoras
2 de los consumidores calificados
2 de los generadores privados(uno renovable y uno térmico)
De 10 la ENEE tendrá uno, y la SEN ninguno
Haciendo honor a su histórica reputación de República bananera; Honduras entrega totalmente su soberanía energética al dios mercado y sus dueños.