He visto a varias personas compartir en esta red unos datos de destrucción de iglesias y bienes eclesiásticos en la Guerra Civil que proceden de un libro de 1940 escrito por Aniceto de Castro Albarrán.
Y se hace sin aportar contexto.
Castro Albarrán escribía en Acción Española y defendió que España necesitaba una violencia "legítima" contra la República como la que se estaba dando en Alemania o Italia, considerando "héroes" a Benito y Adolf.
Antes de la Guerra española, estuvo envuelto en el golpe de Sanjurjo en 1932. Fue amonestado por la propia Iglesia por su discurso radical y su justificación de la violencia. Fue un enemigo declarado de la democracia.
Comenzada la Guerra, fue de los primeros sacerdotes en significarse públicamente diciendo que era una "guerra santa" y de los primeros en popularizar la idea de "cruzada". Defendió que la Guerra tenía que devolver el poder a la Iglesia. Ganada la guerra, dirigió los ejercicios espirituales de Franco en persona y defendió que la represión era una purificación necesaria y debía practicarse con dureza.
Los datos de su libro de 1940 no se sostienen cuando se comprueba que en diócesis donde él afirma que se destruyó básicamente "todo" hoy existen museos diocesanos llenos de obras de arte y objetos litúrgicos que, según él, tendrían que haber desaparecido en manos de los republicanos.
Ese libro, cuyo título completo es "La gran víctima. La Iglesia española, mártir de la revolución roja", junto con el que publica al año siguiente (con el poco equívoco título de "El derecho al alzamiento") forman parte de la propaganda más evidente para justificar la represión desde un punto de vista ético y moral. De hecho, "El derecho al alzamiento" es básicamente el mismo libro por el que la Iglesia lo había amonestado unos años antes, ampliado en un momento en que gozaba de pleno apoyo del dictador.
En ese libro, prácticamente se enorgullece de haber sido el ideólogo del golpe de Estado.
Hay que tener en cuenta (aunque se olvide con mucha frecuencia) que dentro de la propia Iglesia española había no pocos sacerdotes que no solo consideraban la represión de la posguerra como algo lamentable, y la significación política de muchos obispos con los golpistas un error grave, sino que incluso se habían significado por la República. Sacerdotes que fueron purgados con la ayuda, entre otros, del propio Castro Albarrán.
El libro donde se recogen esos datos tiene como única finalidad señalar que toda violencia contra quienes defendieron la república es moralmente aceptable, como el propio autor señala. Creerse sus datos, manifiestamente exagerados o abiertamente falsos, o es negligente o es interesado.
Por supuesto que hubo destrucción de bienes eclesiásticos en la Guerra Civil. También la hubo antes, y no sólo en los años 30, ya que las rebeliones contra la Iglesia que terminaban en profanación de templos y destrucciones materiales se pueden documentar durante siglos (ya desde la Edad Media) porque la Iglesia era un estamento de poder.
Pero usar datos poco creíbles de un propagandista no es precisamente un ejemplo de un tratamiento mínimamente correcto de las fuentes. Es como intentar justificar la necesidad del gulag usando las palabras de Lavrenti Beria.
Recomiendo la lectura de estos textos de Barrios Rozúa, profesor de la Universidad de Granada y especialista en la destrucción patrimonial durante la Guerra Civil.
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