Mi padre tiene 82 años. Es un hombre trabajador, honesto y sensato. De él heredé, además del nombre, su enorme paciencia. Tiene estudios muy básicos (las cuatro reglas matemáticas, leer y escribir), porque desde niño empezó a trabajar en el campo. Obtuvo el permiso de conducir en 1960 y trabajó con tractores, excavadoras, camiones y carretillas elevadoras en Granada, Vitoria, Valencia, Francia y Barcelona, hasta llegar a su merecida su jubilación.
Una de las mayores prioridades en la vida de mi padre era que yo pudiera estudiar para labrarme un porvenir, algo que él no había podido hacer. Tanto mi padre como mi madre lo dieron todo para que yo pudiera estudiar un carrera. Solo me dejaba trabajar dando clases particulares para mis propios gastos. Decía que mi trabajo era estudiar. Con frecuencia me repetía una frase: «Estudia mucho. No para engañar, sino para que no te engañen».
En 2020, cuando publiqué mi primer libro nada menos que con la
@edit_planeta, sabía que mi padre estaba todavía más feliz que yo. Por eso me hizo mucha ilusión enviárselo con una dedicatoria escrita directamente desde el corazón. Fue uno de los primeros lectores, cuando todavía no estaba en las liberías.
Al tercer día de recibir el libro, mi padre me llamó muy emocionado por teléfono y me dijo, casi gritando: «¡Hijo, llevo tres cuartas partes del libro y lo entiendo todo! ¡Pero, ¿tú cómo sabes tanto?!».
Me soléis preguntar si es complicado entender todo lo que explico en LA ENERGÍA NUCLEAR 🌍 SALVARÁ EL MUNDO, especialmente para lectores sin conocimientos previos en ciencia y tecnología. Espero que esta bonita anécdota os sirva para aclarar la duda.
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