JESSE
Esta es una historia triste por donde se la mire. Una joven pareja, él Jesse Ridgway, un famoso youtuber, y su esposa, Ashley. Juntos anuncian en un video que pronto serán padres. En adelante comparten su alegría publicando videos semana a semana. Nos hacen parte de su entusiasmo por esa vida que comienza, desde que el test de embarazo da positivo hasta la primera ecografía, cuando la mamá dice: “¡Miren al pequeño bebé!”, y luego el padre, orgulloso, señalando con el dedo la foto gris: “Eso (la pequeña silueta blanca) es mucho más que un punto. Es un niño que está creciendo”.
Algunas semanas después publican un video del momento en que se enteran de que el examen de translucencia nucal (un procedimiento incruento que se realiza durante los primeros tres meses del embarazo para determinar si un bebé puede tener síndrome de Down) da positivo. Vemos en el video la consternación de la pareja, la angustia, la tristeza, la desesperación. A ese examen le sigue otro, altamente invasivo, una amniocentesis, donde se extrae material genético para análisis. También da positivo. El bebé Jesse, nombre que el padre ya había adelantado que llevaría su futuro hijo, tiene síndrome de Down confirmado.
Finalmente, en su cuenta de X, Jesse informa que habían tomado la decisión de abortar al bebé: no estaban dispuestos a ser padres de un niño con síndrome de Down.
Cuántas ideas erradas dañaron a Jesse y Ashley, como a tantas otras parejas en el mundo, llevándolos a tomar la misma decisión. Si hubiesen vuelto a ver a su pequeño como un bebé, porque nunca dejó de serlo, todo habría sido distinto.
Pero los conquistó la desazón, el miedo e ideas equivocadas que dominan a la opinión pública, que les hicieron tomar una decisión fatal. Y acá quiero detenerme:
¿Cómo es posible pasar de señalar emocionados una ecografía y decir “Miren al pequeño bebé”, “eso es mucho más que un punto. Es un niño creciendo”, para después descartarlo como algo que no es propio, ni siquiera humano?
Si Jesse y Ashley hubiesen mantenido la intuición que tenían al principio, si se hubiesen animado a seguir pensando en él como su pequeño, jamás hubiesen abortado. Era su hijo, nunca dejó de serlo, nunca dejará de serlo.
Nuestra época eligió darle un sentido dinámico al embarazo. Puede pasar de ser nuestro pequeño bebé a una cosa de células, algo no del todo vivo y sin derechos de ningún tipo, que no merece respeto ni tiene dignidad.
Me apena la historia de Jesse y Ashley. Ojalá que este momento decisivo que vivieron los haya cambiado. Cuento la historia así porque los seres humanos aprendemos de lo que les pasa a otros seres humanos. Aprendemos de nuestros errores contándolos; aprendemos de los de otros, escuchándolos con atención.
Como al pasar, en un video de Youtube Jesse y Ashley le pusieron nombre a su hijo. Nunca dejará de llamarse Jesse. Nunca será una cosa.
M.6:14