Es interesante la coordinación de los chavistas multicolores para desestimar la necesidad de un gobierno democrático en Venezuela como requisito indispensable para reconstruir la República, generar un sistema liberal en todos los sentidos, atraer inversores que confíen en las instituciones, lograr que cientos de miles de venezolanos regresen (y evitar que otros sigan marchándose) y, en definitiva, construir un proyecto de país a futuro. Lo contrario es perpetuar una realidad en la que un pequeño grupo ocupa de facto el poder, cuya única motivación es "durar un día más" y cuya única "garantía" es un tutelaje estadounidense que, además, tiene fecha de vencimiento.
Estos sujetos, algunos todavía convencidos de que siguen disfrazados de "oposición", de "derecha radical", de "empresarios" y un largo etcétera, sin enterarse de que ya nadie les cree, atacan un día sí y otro también a lo único que puede abrir la posibilidad de alcanzar esa realidad: unas elecciones libres. Es normal, claro, porque al final trabajan únicamente para preservar el statu quo de miseria, tiranía, cleptocracia y diáspora. Solo en un sistema donde unos pocos tienen mucho y la mayoría casi nada es donde los viles mediocres pueden obtener algo de dinero y una cuota de "poder". Y si hay algo que describe a los siervos del chavismo-rodriguismo es que son mediocres en el mejor de los casos y lúmpenes en el peor.
Seremos libres, a pesar de ellos.