GANA BORGES: "NO NOS UNE EL AMOR SINO EL ESPANTO...."
El final del poema "Buenos Aires", incluido en el libro "El otro, el mismo", de Jorge Luis Borges, puede explicar el enigma de la salida a la crisis abierta en mayo: "Sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto."
Es que si algo impronunciable puede justificar que la mayoría del sistema político en su conjunto -esto es Frente Amplio y oposición- acepte amnistiar sin previo proceso al Presidente Orsi, es el temor al salto al vacío que implicaría forzar su renunciar para sustituirlo por Carolina Cosse.
Hay varios indicios que apuntan a esa explicación, pero el mayor de ellos es el silencio del Partido Comunista, y de la propia Cosse, que se han abstenido de respaldar públicamente a Orsi en una situación tan grave.
Los pasos dados por la oposición, y la cautela que ha marcado su posicionamiento ante la crisis, apuntan en el mismo sentido.
No hay elemento objetivo alguno sobre el que apoyar la permanencia de Orsi en la Presidencia luego de conocerse los detalles de la "compra" de su camioneta. Una investigación parlamentaria a fondo reuniría los elementos suficiente para realizar una denuncia penal, lo cual no haría más que ahondar la crisis.
Así, el gran árbitro de esta disputa interna en el Frente Amplio, que en su cuarto gobierno ha llevado al paroxismo la teoría de "un gobierno en disputa", termina siendo la oposición. Este desenlace no es fruto de la casualidad ni de una estrategia defendida públicamente, sino que es la victoria póstuma de Mujica: "lo político por sobre lo jurídico".
Tabaré Vázquez fue el último dique de contención frente al poder interno del MPP, que fue ganando la mayoría dentro de la coalición detrás del liderazgo de Mujica. Desde su victoria en el 2009 marcó el compás del FA, condicionando incluso al segundo gobierno de Vázquez al colocar en la vicepresidencia al resistido Raúl Sendic.
Ese viejo pleito se reedita ahora, y ante la ausencia de los viejos liderazgos internos, es la misma oposición que actúa como árbitro para evitar que el equilibrio político interno del FA se desbalancee en favor de la minoría que controla el Partido Comunista y sus movimientos satélites.
Ese es el resumen de lo que ha sucedido en las últimas horas. Salvar la "institucionalidad" es la expresión usada para explicar que resultaría nefasto para el país que la minoría radical del FA se haga de la Presidencia.
Resta por conocer el precio que pagará el gobierno. Puede ser un recambio parcial del gabinete, la remoción de Jorge Díaz, o incluso el abandono de alguna iniciativa ya en marcha que apunta a radicalizar el conflicto con el anterior gobierno de Lacalle Pou.
Lo veremos en las próximas semanas, mientras el balón rodando en el Mundial aleja por unos días la presión sobre la crisis que puso punto final al gobierno de Orsi como lo conocimos hasta el 26 de mayo.