No existe ningún acuerdo firmado entre Estados Unidos y la República Islámica, sino un posible memorando de entendimiento que pospone, al menos por sesenta días, la negociación sobre los temas más importantes: la capacidad nuclear de Irán, sus misiles y sus proxys.
Otra vez, corremos el riesgo de sacar conjeturas en base a trascendidos que vienen desde el propio Irán. Algunas coordenadas que creo importantes:
1) Hay un germen dentro de Irán que impide firmar y sostener cualquier tipo de acuerdo. El germen islámico, un rasgo propio desde 1979, los posiciona no solamente como elementos radicales, sino como un régimen que se arroga así mismo ser la única voz autorizada del mundo islámico. Este es un rasgo que Trump nunca comprendió y que lo llevó a intentar soluciones similares en Gaza o Líbano.
2) Es muy poco probable que Irán pueda recomponer una gran parte de su capacidad militar que fue fuertemente degradada por Estados Unidos e Israel desde el 28/2. Esto requiere no solamente dinero (mucho más del que dicen que se descongelaría), sino también una coordinación que hoy no existe dentro de Irán.
3) No podemos dejar de lado la guerra abierta y el choque de facciones que empieza a haber incluso dentro de la Guardia Revolucionaria. Existe un sector que no va a acordar nada con “quienes asesinaron al líder” y plantean un escenario de venganza contra Trump e Israel.
Cuidado, Trump no se ha convertido en un traidor, sino que expone una realidad a la que el Estado de Israel se enfrenta desde, al menos, la guerra de Yom Kipur: luchar por sí mismo y por su propia supervivencia. Se equivoca quien piensa que Jerusalem quedará atado de manos y no recurrirá a las innovaciones que el Mossad nos tiene acostumbrados.
Cierro con tres ideas más:
Un error muy grande haber presumido que el objetivo de esta guerra era la libertad del pueblo iraní, algo que es inalcanzable sin antes jugar fuerte los propios iraníes.
Mención especial a los árabes del Golfo. En estos sesenta días que vienen por delante, podemos estar frente a una expansión de los Acuerdos de Abraham ya como parte de una necesidad defensiva de estos.
No habrá ningún primer ministro en Israel que acepte retirarse del Líbano dejando vivo a Hezbollah. Tenemos que seguir cómo el gobierno de Beirut se dotará de una capacidad real de desarmar a los grupos armados o bien como Líbano seguirá con su caída libre.