Un gobierno de Abelardo sería exactamente lo que anuncia: hombres armados "poniendo orden", gatillo fácil disfrazado de autoridad, paramilitarismo reciclado, persecución política, desplazamientos, destrucción ambiental y media Colombia señalando a la otra media como enemiga.
Todo envuelto en ruido, estridencia, machismo de micrófono, narcocorridos, vallenato a todo volumen y la adoración del dinero como único valor.
No sería un proyecto de país. Sería un negocio con bandera.