Se asumen los dueños de la moral, y no ven o no recuerdan la inmoralidad que representa premiar a un gobierno corrupto y su heredero
cronicadelquindio.com/opinio… de
@JorgeUrrea
¿Qué es ser intelectual?
¿La mayoría son cuantos?
Muchos viven en una burbuja
Los intelectuales también se equivocan.
Cada elección produce sus propios oráculos. En Colombia, como en casi todas partes, basta que un grupo de escritores, profesores, artistas o académicos se incline por un candidato para que cierta prensa lo presente como un indicio de superioridad moral. Si los “intelectuales” están con Cepeda, pareciera sugerirse, algo deben saber que el resto no entiende. Y si critican a De la Espriella, entonces la advertencia debe tomarse como una especie de dictamen filosófico nacional.
Pero conviene recordar algo elemental: los intelectuales también se equivocan. Y cuando se equivocan, muchas veces lo hacen con una solemnidad insoportable.
La historia está llena de cerebros brillantes que tuvieron un olfato político desastroso. Heidegger no solo simpatizó con el régimen de Hitler, sino que se afilió al partido nazi, fue rector en Friburg en 1933 y prestó su prestigio intelectual a una de las peores causas políticas de la historia. Su inteligencia filosófica no lo vacunó contra la barbarie. Al contrario, le sirvió para adornarla con palabras profundas.
Y no fue el único. Sartre cerró los ojos durante años ante los crímenes del comunismo soviético. Muchos intelectuales europeos justificaron, relativizaron o embellecieron revoluciones que terminaron en campos, censura, hambre y paredones. En América Latina, demasiados escritores y académicos han pasado décadas explicando con exquisita sensibilidad por qué Cuba no es una dictadura, sino una complejidad histórica. Como si el hambre necesitara glosa, como si la cárcel política fuera más amable cuando viene acompañada de citas de Marx.
Por eso, que algunos intelectuales colombianos se inclinen por Cepeda no prueba demasiado. Prueba, a lo sumo, que una parte del mundo cultural colombiano sigue atrapada en sus viejos dogmas. Desconfían de la derecha aunque gane elecciones, pero le concede infinitas coartadas a la izquierda aunque amenace instituciones, desconozca resultados electorales, amenace con incendiar el país o juegue con la idea de una constituyente.
Heidegger nos dejó una lección: se puede ser un genio y apoyar una monstruosidad. Así que menos reverencia, los intelectuales no son brújula moral por definición. A veces son simplemente gente muy leída caminando con mucha seguridad hacia el precipicio.