Podría decir muchas cosas, pero voy a tratar de resumir. Para empezar, es extremadamente conservador, al punto que casi no lo distingo de colorados cartistas y colorados en general. No plantea cambios estructurales en ningún aspecto de todo lo que funciona mal en Paraguay. Tiene una concepción meramente electoral de la democracia ("visión de la urna", diría Amartya Sen), esa que hoy está vaciada de contenido y que está generando la aparición de distintos fascismos y ultraderechismos (con los que Nakayama simpatiza). Su liberalismo tiene la ranciedad de un neoliberalismo agotado con toques de libertarianismo alocado onda Milei (ya sabemos como va eso en Argentina), bañado en ciertos (muchos) aires de ultraderechismo onda Trump, Orban, Netanyahu. Su mirada avara de la democracia no propende a una expansión de las libertades reales de las personas, sino a una libertad mayor para empresarios y corporaciones, con la esperanza de un "goteo" (trickle down) que nunca llegó (en todas las experienciaas similares) ni llegará. Ya hemos visto esa película demasiadas veces: una mera competencia de las élites por el voto popular, para luego gobernar para ellos mismos, una mera democracia procedimental. NO HAY PAÍS que haya progresado sin Estado fuerte, democrático y que sirva de contrapeso a los poderes económicos. Su visión política, económica y social es soometerse a poderes ajenos, desdeñar la desigualdad y la asimetría de poder real entre los inviduos en una sociedad. Llevamos 80 años de conservadurismo colorado y los resultados están a la vista. Todo esto sin contar su apoyo al genocidio contra los palestinos, lo cual para mí es un non plus ultra moral irrebasable. Una anécdota: cuando el incendio en la fábrica de Ochsi en la que murieron 4 obreros, se apresuró en solidarizarse con la empresa y asegurar que eso no iba a "menoscabar su prestigio". ¿Los obreros muertos? Bien, gracias. EL Py no necesita alguien como él. No, gracias.