El caso del fiscal general
Hay casos que parecen complejos solo porque se cuentan mal, solo requiere separar los hechos de las interpretaciones.
1. El correo que no debía salir:
A principios de 2024, el abogado de González Amador, pareja de Ayuso, envió un correo confidencial a la Fiscalía de Madrid. Contenía una frase torpe en una propuesta de acuerdo que podía interpretarse como confesión fiscal.
Ese documento estaba protegido por ley. Y aquí aparece la primera clave, no había un solo correo, sino dos. La incapacidad (o la falta de voluntad) para distinguirlos ha contaminado todo el debate público.
2. Dos correos, dos realidades:
El CORREO 1: El reservado
– Es el original del abogado.
– Su imagen exacta solo estaba en manos de la Fiscalía.
– Contenía la frase que podía hundir la presunción de inocencia.
– No circuló por carpetas comunes.
– No estaba en el expediente.
– No lo tenía la defensa.
– Es el único documento cuya filtración constituye delito.
– Este es el que investiga el Tribunal Supremo.
El CORREO 2: La copia del expediente
– Lo tenían defensa e instructores.
– Su contenido podía comentarse sin infringir el secreto.
– Algunos periodistas lo conocían.
– No es el documento filtrado.
– No contiene la imagen original.
Confundir contenido con documento ha permitido sembrar dudas donde no las hay.
3. La noche de los 11 minutos:
Lo que sigue está acreditado:
21:59 El CORREO 1 es reenviado desde Fiscalía al Gmail personal del fiscal general, Álvaro García Ortiz.
22:10 Once minutos después, un medio afín publica citas literales del documento reservado. No un resumen. No un comentario. La frase exacta.
Sin ese movimiento previo, esa publicación no era posible.
4. “Nos están ganando el relato”: el punto de no retorno:
Mientras esto ocurría, en la propia Fiscalía General se redactaba una nota institucional destinada a contrarrestar la versión de otro medio. La Fiscal Superior de Madrid se negó a firmarla por ilegal, contenía datos que violaban el secreto.
García Ortiz respondió con una frase que quedó reflejada en sede judicial: “Es imperativo, Almudena. Nos están ganando el relato.”
No hablaba de legalidad. Hablaba de relato. Y desde ese momento, la comunicación institucional dejó de comportarse como Fiscalía y empezó a comportarse como gabinete político.
La nota se difundió igualmente, sin firma. Y reforzó la interpretación pública de que González Amador “había confesado”.
5. El recorrido político del documento:
A la mañana siguiente, la imagen del CORREO 1 aparece en Moncloa. Una asesora del presidente la reenvía a Juan Lobato, líder del PSOE madrileño, quien la utiliza en la Asamblea para atacar a la oposición.
Y aquí surge un detalle que muchos prefieren olvidar, que Lobato expresó dudas públicas sobre la conveniencia de utilizar un documento así sin una explicación institucional clara.
6. La desaparición del rastro:
Meses después, cuando el Tribunal Supremo comunica al fiscal general su imputación, ocurre el último hecho clave que García Ortiz borra su móvil, su Google Drive y todas las copias de seguridad.
La UCO certificó en el juicio que el supuesto “protocolo” que alegó no existe. Ningún profesional infiere inocencia de una conducta así.
7. Los periodistas entran en escena:
Varios periodistas declararon haber conocido el “correo”. Pero hablaban del CORREO 2, del que podían conocer el contenido. Ninguno aportó metadatos, capturas verificables ni la imagen del CORREO 1. El Tribunal Supremo lo dejó claro: “Los testimonios no acreditan posesión previa del documento cuyo acceso se investiga.”
Su relato no es falso; simplemente es irrelevante para el hecho penal.
8. La política, el ruido y la confusión útil:
Que el juicio esté envuelto en una nube de declaraciones políticas, artículos de opinión y acusaciones cruzadas es evidente.
La pregunta es ¿Hay una versión inocente que explique el acceso, la filtración, la nota, el uso político y el borrado?
Y si existe, nadie la ha presentado.