Hay una cualidad innata en Felix, se le llama don. Pero a la vez hay muchísimo, muchísimo trabajo. Horas de práctica, horas para lograr que la técnica encaje con el alma, la música y la coreografía. Cuando uno ve las coreografías realizadas por Felix, se da cuenta de que absolutamente ningún movimiento es exagerado, no es una descarga eléctrica descontrolada. No parece que se estuviera electrocutando cuando hace breakdance, o bodycontrol, al contrario, su cuerpo fluye exquisito. Es un bailarín excepcional.