También se da por hecho que con Sánchez hay más libertad que con Franco. Sin embargo es lo contrario. El franquismo fue un régimen notablemente liberal en cuanto a la expresión de ideas, y sobre todo por mantener un estado reducido, que en 1960 absorbía el 15% del PIB, subiendo hasta el 25% en vísperas de la muerte de Franco. Por contra, en la actualidad el estado pesa sobre el PIB con más de un 45% , situándose al nivel de las democracias occidentales, donde creció aceleradamente después de la II Guerra Mundial. . El tamaño del estado tiene gran importancia en relación con la libertad porque si es pequeño, como en el franquismo, no puede ser muy opresivo, y si se expande tanto como actualmente, pesa sobre la sociedad tendiendo a inmiscuirse, reglamentar y reprimir todas las actividades humanas, hasta las más íntimas. Así, hoy soportamos leyes “de odio”, por las que gobiernos de ideología lgtbi pretenden regular hasta los sentimientos de las personas y su expresión; soportamos “leyes de género” contra la familias y la propia naturaleza; o leyes de “memoria” con las que unos políticos, en general incultos y corruptos pretenden imponer sus propias ideas sobre el pasado del país, de las que sacan consecuencias políticas; el sistema fiscal se vuelve cada vez más confiscatorio (excepto, como vemos con Sánchez, para la camarilla dirigente)... Cosas que no ocurrían en el franquismo y justificadas en nombre de la “democracia”, concepto transformado en palabra mágica sin contenido real. Peor aún: está en marcha en toda la UE la identificación digital, por la que el dinero de la gente y hasta sus propias personas, serían en cierto modo confiscadas y vigiladas estrechamente por los gobiernos, como ya sucede en China. Así la tendencia del poder a hacerse omnímodo alcanzaría mediante la técnica combinada con ideologías perversas, un absolutismo sin precedentes en la historia.